Hace mucho no vuelvo a mi casa, tampoco tengo pensado hacerlo. Al menos por un tiempo.
Mi nombre es Julie y me gusta viajar. Cada vez que lo hago tengo el hábito de conocer la cultura del lugar a donde voy. Me gusta sentirme parte de ellos y conocer sus costumbres. Pero esta vez fue distinto.
Durante el verano planeé un viaje al sur con la intención de finalmente conocer a mi amiga Helena.
Luego de un largo viaje llegué a un pequeño pueblo ubicado muy cerca de Esquel, llamado Chipi Canden. Mi primera impresión fue que tenía un ambiente agradable.
Helena me esperó en la estación de trenes con un cartel para que pudiera reconocerla.
Ella era alta, con cuerpo prominente, y su pelo era lacio y claro como el sol. Llegamos a su casa, comimos algo y me llevó a recorrer el pueblo.
Chipi Canden no era demasiado grande; habría unas treinta casas de madera, de techos bajos y grandes puertas, todas rodeadas de enormes árboles, una escuela muy pequeña, un almacén, una plaza algo abandonada y la capilla. Ahí se encontraba el padre Benjamín, que también era el papá de Helena. Era un hombre bajito y canoso, de sonrisa simpática.
Cuando el sol comenzó a esconderse tras las montañas fuimos al almacén a comprar pan y algunas verduras para cenar. Ahí conocí a Trevor. Debía tener más o menos la misma edad que Helena y yo, quizá uno o dos años mayor. Era alto, su piel algo morena contrastaba con el azul de su campera, y sonreía cada vez que yo decía su nombre, creo que porque pronunciaba demasiado la “r”. En fin, Trevor no vivía en Chipi Canden, sino en otro pueblo ubicado a unos cuantos kilómetros. Pero pasaba de vez en cuando para llevar productos al almacén, y cuando lo hacía, dormía en el cuarto que había en el piso de arriba.
[[Él es Trevor]]
[[Habla Trevor]]
El primer día ví como Helena lo saludaba. Me lo presentó y él me saludó muy alegre.
Esa noche cuando llegamos de vuelta a la casa no podíamos más y cenamos muy cansadas, yo principalmente por el viaje. Así que nos fuimos a dormir temprano. Cada día que íbamos al almacén, ahí estaba Trevor, por lo que se me hizo costumbre verlo. Como no había mucho para hacer en Chipi Canden, un día le dije a Helena que lo invitáramos a pasar el día con nosotras. Ella me dijo que últimamente estaba muy ocupado con otros asuntos y que hacía rato no lo veía por el pueblo pero que le iba a preguntar.
La siguiente mañana me desperté y Helena ya se había levantado, le había hecho el desayuno a su padre y me lo estaba preparando a mí. Le pregunté si le había dicho algo a Trevor pero creo que no me escuchó, así que fuí yo hasta el almacén a preguntarle.
-Hola, quisiera saber si hoy viene el chico… Trevor...
-Si, está en el piso de arriba. Ahora lo llamo -me dijo el que atendía.
Le pregunté si esa noche quería cenar con nosotros y él aceptó y se ofreció a llevar el postre.
[[Ella murió hace casi diez años ]]
Helena había ido a buscar a su amiga a la estación. Me había contado de ella. Julie no era muy alta y su enorme mochila la hacía verse graciosa, como una tortuga bajo su caparazón. Llevaba el pelo atado y un pañuelo verde en la cabeza. Aquel día la observé mucho; era muy bonita.
Esa semana me quedé en el pueblo porque mi tío necesitaba ayuda con el almacén. Helena y Julie venían todo el tiempo; eso me ponía contento, me gustaba charlar con ella. Con Julie, me refiero. Un día vino a invitarme a cenar con ellos y acepté. La verdad yo no quería ir; el padre de Helena, Benjamín, es un hombre muy extraño. Siempre lo evito, si es posible.
Cómo Trevor veía a Julie:
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[[Ella murió hace casi diez años ]]
Cuando terminamos de cenar nos acomodamos alrededor de la chimenea. Afuera el viento soplaba y las ramas de los árboles chocaban contra la ventana, el fuego daba una sensación de calma y a Trevor se lo veía de a ratos a punto de dormitar en el cómodo y viejo sillón. Yo no tenía sueño.
-Muchas gracias por dejarme quedar en su casa -dije
-No hay de que, Julie- me respondió Benjamín -espero te sientas cómoda.
-Y muchas gracias por la cena -Trevor parecía algo distante, por momentos intentaba mirarlo a los ojos pero él me evitaba. -¿dónde aprendió a cocinar así?
-La madre de Helena era una excelente cocinera. Ella me enseñó.
Helena, sentada junto al fuego, alzó al gato y lo colocó en su regazo. Éste, tan negro como el carbón, apoyó su pequeña cabeza en el brazo de su dueña y siguió durmiendo.
-¿Y dónde está tu mamá?
-Ella murió hace casi diez años -Helena parecía indiferente y continuaba acariciando a su gato -fue un terrible accidente. De todas formas, estaba muy enferma, no iba a vivir mucho tiempo más.
-Yo la recuerdo. -dijo Trevor -Era una mujer muy alegre, ¿cierto?
-Si, lo era. Bueno, lo fue por mucho tiempo, pero después de enfermar se volvió bastante malhumorada e irritable.
Benjamín, perdido en sus pensamientos, pareció despertar de repente.
-Eso no es verdad Helena. Tu mamá nos hizo felices hasta en sus últimos días. -Su hija no pareció muy convencida -Les puedo contar la historia de aquella noche. La noche en la que murió. Ya ha pasado mucho tiempo, creo que es momento de recordarla -Benjamín parecía algo entusiasmado, lo que me llamó la atención.
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[[Estaba comenzando la primavera]]
Estaba comenzando la primavera, lo recuerdo bien porque tu mamá -Benjamín miró a Helena. -siempre para esa época compraba yerberas (sus favoritas) de todos los colores para decorar la casa y alegrarla. Era una mujer feliz; siempre muy respetuosa para y con todos los habitantes del pueblo. Nosotros éramos una familia muy unida y cariñosa.
Hace algunos meses nos habíamos enterado que tenía cáncer de pulmón, etapa 4. Y que le quedaban pocos meses de vida. Esa mujer alegre que era se había convertido en otra algo malhumorada e impaciente.
Eso sí, con el único que seguía teniendo una buena relación era con nuestro gato; él se dormía junto a ella todas las noches.
Yo la consentía mucho, pero ella ya no valoraba lo que hacía. Peleábamos muy seguido; ella me culpaba de su enfermedad y su malestar constante. Se había convertido en una persona irritable.
Los vecinos siempre escuchaban los gritos de las peleas.
Un domingo no tan primaveral, donde las hojas de los árboles bailaban con el viento y el frío se animaba a asomarse un poco, mi mujer había decidido escuchar la misa y como la daba yo, nos levantábamos temprano para ir a la capilla. Ella dijo que necesitaba terminar de lavar los platos, que iría en un minuto, y que nos adelantáramos para no llegar tarde. El médico había dicho que no la dejáramos sola, por lo que Helena partió mientras nosotros nos quedamos en la casa.
[[Helena ]]
[[Benjamín]]
Luego de uno minutos visualicé a mi padre solo, lo que me pareció raro ya que él se había quedado con madre en la casa. Supuse que ella se había arrepentido por lo que no me preocupé y escuché toda la misa sin problema. Cuando terminó, decidí ir a contarle lo linda que había estado. Cuando entré a mi casa la vi tirada en el sillón durmiendo, por lo que no quise despertarla y me fuí. Pasadas un par de horas decidí regresar a mi hogar, pero mi madre no se había movido del lugar. Me atreví a despertarla, pero no lo logré, me comencé a preocupar y cuando ya no supe qué hacer llamé al único médico del pueblo. Cuando llegó ya era muy tarde; mi madre ya había fallecido. Nunca se supo bien lo que pasó, algunos culparon a mi padre. No se suponía que debíamos dejarla sola. Yo… yo no sé qué pensar.
Helena de pequeña
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Helena después de la muerte de su mamá
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[[El viento se había calmado]]
Ella tenía cambios de humor. Muchas veces quería hacer algo y al rato ya no tenía ganas. Así pasó aquel día: terminó de lavar los platos y me dijo que se quedaría en casa. Le insistí en que no debía quedarse sin compañía pero no hubo caso; esa mujer era muy quisquillosa. Yo partí a la capilla algo apurado porque ya se me estaba haciendo tarde. Al terminar la misa me quedé a limpiar y acomodar un poco las cosas. Empezaba a oscurecer así que decidí pasar por el almacén y luego volver a casa, pero antes de que pudiera llegar a la puerta oí que alguien gritaba. Cuando llegué ya era tarde.
[[El viento se había calmado]]
La habitación había quedado en silencio. El viento se había calmado. Trevor puso más leña al fuego y, cuando volvió para sentarse, al fin me miró a los ojos; parecía preocupado.
-Perdón por preguntar pero, ¿por qué fué un accidente? ¿no pudo haberse adelantado su fecha de muerte?
Nadie respondió. Helena interrumpió el silencio, que se había vuelto muy incómodo -Por varios años hubo terribles rumores.
-¿Qué clase de rumores? -no pude disimular mi curiosidad.
-Helena, no hace falta contar esas cosas. Además, vas a asustar a nuestro invitados -dijo Benjamín. Helena respondió a su padre con una mirada serena. Trevor se acomodó en el sillón; parecía tener especial interés en aquella conversación.
-Está bien, papá. Ya pasaron diez años.
[[Rumores]]
Los rumores son terribles. Y todavía más si se cuentan en un pueblo tan pequeño como este. Llega un punto en el que hasta uno está convencido de que así fue que pasó.
Era domingo y estaba fresco. La misa sería más tarde así que el padre Benjamín no estaba apurado. Su hija estaba en la casa de su amiga; llegaría en un rato. Marina, la vecina más cercana, se había acercado a pedirle disculpas, ya que no iba a poder asistir aquella tarde. Nunca llegó a la puerta porque cuando pasó por ahí escuchó gritos. No eran los mismo gritos de siempre, eran menos fuertes pero mucho más violentos.
-¡Tomalo! Te va a hacer sentir mejor. En serio. -se escuchaba a Benjamín -Pero tomalo todo, ¡hasta el final!
-¡No quiero tomar nada! -decía ella -¡Y no voy a ir!
-¡Sí que vas a venir! Vos sabes que no podés estar sola… después de lo que intentaste hacer. -Benjamín intentó calmarse -Además, ya le dijiste a Helena que hoy ibas a ir.
-¡Vos no me podés decir qué hacer!
Él no aguantaba más. Él ya lo había decidido aquella mañana, en cuando había entrado a la cocina. Iba a matarla.
[[Julie ]]
[[Trevor]]
[[Helena]]
Una vez leí una novela que me dejó pensando como dos noches seguidas. Después de esa, jamás pude dejar de leer policiales. Hubo un tiempo en el que si no leía un poco de alguna de las novelas apiladas en mi mesa, no podía dormir. Creo que con el tiempo se me fue yendo, además, encontré otro pasatiempo: viajar. En fin, esta novela me dejó atónita y ahora, estando acá sentada, escuchando, se me vino a la mente. Un plan brillante. Un engaño. Una historia, o quizá varias. Y un hombre bajito y canoso.
[[Tenemos que irnos]]
¿Y si digo que tengo que ir al baño y salgo por la ventana? O por ahí si les digo que ya es tarde... eh, ahora, a la cuenta de tres... no.
Ahora me atrevo a decir que me asusta estar acá sentado, en esta casa, frente al fuego. Temo por Julie. Y temo por mí. Pasaron muchos años desde la última vez que entré a esta casa. También pasaron muchos años desde la muerte... Siento que no la puedo nombrar.
“Basta. Intentá mirarlo como si todo estuviese bien” me repetía una y otra vez. Benjamín siempre tuvo ese no sé qué de poner incómodas a muchas personas, y yo soy una de ellas. Inclusive desde que jugábamos con Helena en la placita; él nos observaba con los brazos cruzados, y me hacía sentir miedo. ¡Miedo! ¡Imaginen a un hombre que mira a un niño y le causa miedo!
¿De qué rumores está hablando Helena? ¡Es la verdad! Sino, ¿por qué Benjamín está contándonos esto? No es tema común de conversación. No, para nada. Mis ganas de querer irme aumentan. Siento que debo advertir a Julie; tiene que irse del pueblo.
[[Tenemos que irnos]]
Benjamín volvió con una bandeja en sus manos. De las tazas de té salía vapor. Trevor se paró de golpe:
-Julie y yo tenemos que irnos -dijo.
-Trevor -Helena soltó una risita. -Julie está viviendo acá, ¿a dónde se van a ir?
-Helena, quizá quieren pasar un rato solos -dijo Benjamín y le sonrió a Julie mostrando todos sus dientes -eso sí, antes tomense el té, que ya lo preparé.
-¡No! -Trevor tenía la voz quebrada -Nos tenemos que ir ya. Eh… quiero mostrarle un lugar a Julie. Si, eso. -Intentó calmarse.
Julie no sabía qué decir. Benjamín insistía con que tomen el té, y Helena permanecía en el sillón, acariciando al gato, mirando todo con cara de divertida. Lo que pasó a continuación quedó en la memoria de Julie muy confuso, como imágenes borrosas. Juntar sus cosas rápido. Trevor esperando en la puerta de atrás. Benjamín que no paraba de decir la frase “yo no le pongo veneno al té de mis invitados; eso lo puede hacer uno solamente a su mujer“ una y otra vez. Y reía una y otra vez. La imagen de Trevor manejando la camioneta, que iba traqueteando por el camino de tierra. La estación de tren.
Julie nunca volvió.
[[La verdad]]
<img src="https://nocivodomingo.files.wordpress.com/2011/12/olga-benjamin-lacombe.jpg" width="270" height="300" alt="Two foxes">
La carta por fuera no decía nada; estaba en blanco. Bueno, el papel, ya gastado y lleno de polvo, tenía un color amarillento. Por dentro estaba llena de cosas, llena de palabras, perdidas en el tiempo, y llena de sentimientos.
Pascual, el viejo gato, la encontró; se sentó encima. Con su larga cola la movía y con sus uñas afiladas jugueteaba con ella.
"Me siento mal y ustedes lo saben. No quiero que sufran y menos que pierdan el tiempo. Perdón. No piensen que los abandono, sino que los libero. Perdón y gracias."
Helena la leía todos los días. Se sentaba frente a la chimenea y la miraba por horas y horas. Benjamín no hacía otra cosa que salir a caminar, todos los días. Se iba por horas y no volvía hasta el anochecer. Pascual estaba raro; sus bigotes bien largos estaban despeinados y sus patas algo tensas. Ronroneaba por toda la casa y hasta varias noches se las pasaba maullando.
Los días pasaron y en uno de esos llegó el chico del pueblo contiguo para traer los productos al almacén. No era Trevor. Los vecinos hablaban, pero nunca preguntaron nada.
Bejamín y Helena sabían la verdad. Pascual murió, ya era un gato viejo.
Casi pasaron diez años desde ese día y a papá todavía no le gusta hablar del tema. Cuando lo hace se le pone la piel de gallina, sus ojos se transforman en ríos que están a punto de desbordar y su respiración se ralentiza, como si fuera a desaparecer. Por eso, cuando comenzó a contar la historia me sorprendí.
Rememoro ese día una y otra vez en mi cabeza, hasta el cansancio. Me digo a mi misma que si pasó fue por algo, que mi papá es una buena persona y que todo lo que hizo fue por mi bien.
Lo que él siempre quiso era que yo recordara a mamá como una buena persona, que es lo que importa cuando alguien ya no está entre nosotros.
Trevor tenía una mirada perdida, de desconsolación, de miedo. Me miraba de reojo buscando una complicidad que creía que yo tenía con mi padre. Al finalizar el relato papá nos ofreció café o té, al que yo le respondí té, pero Trevor no se inmutó de su lugar. Su vista se había quedado fija en el lugar donde mi padre había estado sentado.
[[Tenemos que irnos]]