Ella solo tenía 24 años cuando todo empezó. La llamaban Amaya, sus familiares más cercanos Amy. Cumplia el 23 de febrero y eso la hacía de Piscis, un signo sensible e introvertido, incomprendido por los demás, misterioso y místico, dotado de habilidades creativas, pudiendo imaginar lo imaginable para el bien o para el mal. Se podría decir que todo lo que estaba relacionado con la mala suerte, gatos y mariposas negras, espejos rotos, sal en el piso y grillos muertos, se atraían a ella. No solía socializar mucho, la gente creía que era extraña por su forma de ser y parecer, su negatividad y su andar asustado provocaba rechazo, por lo que no tenía muchos amigos. Los pocos que seguían con ella eran los exiliados de la sociedad, tenían y entendían lo que Amy padecía. Sobrellevaba un poder de hacer que todo lo que deseara, se cumpliera. Amy pensaba que eso sucedía por su madre, que creía que la cuidaba desde otro mundo, un mundo celestial y desconocido, en el cual todo era posible. A veces ella lograba comunicarse con ellos gracias a Edna, una mujer que decía poder transmitir los mensajes que mandaban los no vivos a los que todavía viven en el mundo terrenal. La conoció gracias a un viaje místico que hizo a Noruega. Amy, en ese viaje, se sintió muy conectada con el lugar, como si perteneciera allí. En el último día de su estadía en Oslo, mientras caminaba por el centro, se le acercó una anciana, la cual solo la miró a los ojos. La joven no podía apartar la mirada, tenía la sensación de ya conocer a la mujer y sabía cómo iba a terminar, lo que le sucedería en su corto futuro. Edna, luego de que Amy le haya contado lo sucedido, le explicó que era porque ella ya había vivido allí y esa era una vieja amiga de la infancia. Luego de eso, la “mensajera” no habló más.
Los sucesos sobrenaturales no quedaron ahí, varias veces podía sentir como un aura oscura la rodeaba, le susurraba y a veces la poseía por poco tiempo. En esos minutos, escribía cosas en su cuaderno. Las palabras formaban horóscopos, destinos posibles para cada signo zodiacal. Amy se había acostumbrado tanto a saber qué iba a suceder que lo desconocido le producía temor, no podía salir de su casa sin antes ver su cuaderno, fijarse si había escrito algo inconsciente.
Amaya no vivía con su familia, alquilaba un departamento en el medio de la ciudad porque los ruidos de los autos y colectivos pasar le hacían olvidar su melancolía. Ella tenía un gato negro que había encontrado el día que se mudó en la calle. Lo llamó Melahel. Como lo encontró en agosto, lo coronó como Leo, lo cual, luego de un tiempo, se dio cuenta que fue una gran elección porque era tal cual el signo; cálido, extrovertido y muy espontáneo. Su gran personalidad te sacaba toda la tristeza y volvía soleado cada día.
Al no tener un trabajo fijo, Amy se despertaba en el horario que ella deseaba: alrededor de las seis y media, cuando el sol salía y los demonios se iban. Cuando estaba yendo para la cocina, lo sintió. Esta vez, fue más fuerte que las anteriores. No pudo controlar su cuerpo y cayó al piso. Se sintió incompetente, sus brazos y piernas no respondian. En ese momento, dejó de ver. Oscuridad la rodeaba, a su ella. “¿y mi cuerpo?” se preguntaba mientras que en cada segundo se sentía más liviana. Percibió ráfagas de viento helado, provocando que la respiración sea más difícil y pesada. Los susurros comenzaron a agobiarla, cada letra era una puñalada para su cerebro, cada una era más dolorosa que la otra. Empezó a volverse más chiquita, tirada en el piso, sollozaba en silencio. Abrió los ojos mientras respiraba profundamente. Su corazón estaba agitado y su frente sudorosa. Se dio cuenta que estaba al borde de la ventana con su cuaderno y una lapicera en las manos. Sus brazos estaban rojos y las hojas escritas con la tinta negra. Miró para abajo, seis pisos hasta el suelo, una caída mortal. Lentamente, entró para salir del peligro. Cayó al piso, los ojos lloraron, los nervios y el sentimiento de incapacidad la inundaron. Miró el cuaderno, las letras se cruzaban unas con otras, algunas palabras estaban en español y otras en latín, pero juntas formaban lo que ya esperaba: su horóscopo.
//Piscis:
Non enim fortuna. Pisciana, hija querida, los días que vienen son más oscuros de lo habitual, cuidate del mundo terrestre y celestial. Hay vivos, semi-vivos y no vivos que quieren destruirte a vos y a tus más allegados. Saturno busca venganza por la vergüenza que le hiciste pasar. Tu Luna se escondió y no quiere defenderte. En tu interior todo será convulsionado pero no será bueno que te dejes llevar por las emociones, ayúdate con tu lado más racional.
Dilectae filiae, no negocies con demonios ni ángeles y menos de alas brillantes. Evita a Apolo, tratará de derribarte a toda costa.
Diligit et nutrit, mater//
[[Desmayarse->Historia Chiari]]
[[Llamar a Edna->Historia Ana]]
[[Quedarse en casa->Historia Ailen]]
Después de lo sucedido, Amaya se desmayó y quedó inconsciente por 6 horas. Cuando se despertó ya era el día siguiente y estaba totalmente perdida, no sabía muy bien que había pasado, solo sabía que le dolía todo el cuerpo y necesitaba llamar a Edna cuanto antes para contarle todo lo que había pasado para que la aconseje en que podía hacer, ya que,la última experiencia que había tenido no se comparaba a ninguna de las anteriores y realmente estaba adolorida y lastimada físicamente.
Por el resto de dos días se los tomó completamente para relajarse, curarse y principalmente para comprender sola lo que realmente el horóscopo que escribió significaba y de dónde venía todo el odio que tenía. Melahel le estaba tratando de decirle algo, pero, Amaya no podía comprender era un lenguaje muy extraño. Finalmente pudo descubrir lo que le trataba de decir, no era nada muy relevante, pensó, pero tendría que aprender a esta altura que los gatos negros no solo son famosos por dar mala suerte y ser acompañantes de las brujas, sino, de lo sabios que son.
Melahel le dijo que por ninguna razón en el mundo terrenal tenía que desobedecer a lo que el horóscopo le diga ya que no solo iba a padecer las consecuencias que el horóscopo plantea pero también la de los dioses y los de los espíritus de la sub-tierra, y a esos si que no se los puede desafiar.
Después de un largo rato decidió llamar a Edna para decirle todo lo que había pasado y también, que significaba lo que Melahel le dijo. Amaya tenía la voz rasposa, débil y no se la escuchaba muy bien, cuando Edna contesto del otro lado ya había sentido casi todo lo que había pasado, solo con un suspiro de Amy. Aterrada le pidió que le dé más detalles porque pensaba que esto necesitaba un fin y si no lo trataban de parar ahora, podría terminar con la muerte de Amaya. Raramente cuando Edna dijo la palabra muerte, se sintió un raro alivio y Edna lo pudo sentir, pero rápidamente le dijo que no se confunda, ya que la muerte no siempre puede ser en paz. Le explico que si tenía problemas con los espíritus de cualquier mundo su muerte iba a ser dolorosa por siempre y nunca iba a poder estar en paz con las personas que quería.
Edna le propuso que vaya a la casa y idealicen un plan de contraataque, para cuando pase de vuelta Amy pueda controlar la situación un poco mejor y no termine devastada como es el caso actual. Le aclaro que no iba a ser fácil pero aunque sea tenía que intentar.
Después de 3 días de estar en la casa de Edna haciendo todo lo que físicamente y mentalmente podía Amaya sentía mucha fuerza, poder, como si nada pudiera vencerla, para ella ese sentimiento era extraño ya que siempre se sentía muy vulnerable ante la situación de confrontación con los espíritus. Algo que Amy no se dio cuenta es que el horóscopo que había escrito decía muy claro que debía salir de la casa, y algo aún peor es que el sabio Melahel le dijo que no tenía que desobedecerlo.
Ya era muy tarde Amaya estaba en peligro, y lamentablemente no había mucho que se pueda hacer. De pronto a Edna le empezó a dar un ataque y los oídos le empezaron a sangrar, amy no entendía lo que estaba pasando y trataba de gritarle para ayudarla pero nada funcionaba, ninguna estaba preparada para lo que venía.
Melahel con solo apoyarse en la cabeza de Edna curo todo. Edna sentía una desesperación, le faltaba el aire y necesitaba su libro de curaciones que, infortunadamente, estaba manchado con lo que parecía sangre. Pero por suerte tenían a Melahel guardián de Amaya y que todo puede curarlo.
Edna y Amaya estaban en peligro y no había nada que se pueda hacer, a ningún lugar donde irse, solo les quedaba la opción de enfrentar lo que fuera.
[[Continuar->Opción 1]]
Amaya pasó sus delicados dedos por la hoja caliente. Era, hasta ahora, el presagio más oscuro. Quedó anonadada por unos minutos, se tocó los brazos que ardían por los posibles rasguños que se autoprovocó. Melahel llegó maullando hasta ella, se subió sobre su regazo y se quedó sentado, protegiendo a su dueña de los males que la acechaban. La joven no sabía qué hacer, su corazón no paraba de palpitar a una velocidad anormal, pudo sentir más que antes a la oscuridad pero nunca verla. Cada vez las posesiones se hacían más dolorosas y lastimaban su alma. No lo pensó dos veces, llamó a Edna, ella debía saber qué hacer.
-Edna. -su voz era casi un susurro, no había recuperado el aire.
-¿Amaya?
-Escuchame, estoy teniendo unos problemas, están sucediendo uno más cerca de otro y me…-un ruido la distrajo, se quedó en silencio esperando escuchar otro, pero no hubo. En ese instante, se dio cuenta que no estaba sola.
-¿Amy? ¿Sigues ahí? -no contestó. Temió por su vida, Melahel se erizó y mostró los colmillos. -Dime algo, lo que sea -y se cortó. Las pocas lámparas que estaban prendidas se apagaron.
Agarró a su gato y se dirigió a la puerta de entrada, la fue abriendo hasta que escuchó como unos pasos se volvían más continuos e iban hacia ella. En un movimiento rápido, salió y empezó a correr escaleras abajo. Podía escuchar cómo tiraban abajo la puerta. Las pisadas y los golpes contra la pared se acercaban cada vez más, no era una simple casualidad: la estaban siguiendo.
Saltó los últimos escalones y salió a la calle. La gente que pasaba se la quedaba viendo, seguramente por la cara de horror que tenía. Las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas, había salido. Escuchó golpes provenientes de atrás suyo. Giró la cabeza y distinguió como huellas de manos se iban marcando en la puerta de vidrio, cada vez eran más, una logró quebrar un poco el cristal. Amaya ahogó un grito y empezó a correr hasta lo de su amiga.
Al llegar tocó el timbre varias veces hasta que Edna se asomó por la puerta. Cuando entró, Amaya se desplomó en uno de los sillones que había. La dueña de la casa le dió un vaso con agua y escuchó todo lo que había pasado. Cuando llegó al final, se paró asustada y corrió a una estantería.
-Esto no debía estar pasando ahora, es muy pronto.
-¿Qué pasa, Edna?
-Ellos te quieren de vuelta. - Sacó un libro y empezó a leerlo desde la mitad. -Amy, quieren que bajes.
-¿Bajar? -preguntó, estupefacta.
La mujer se acercó a su amiga y le acarició la cara y ahí es cuando sucedió todo: Los ojos de Edna se dieron vuelta y comenzó a temblar. Cuando cayó al piso, las piernas, al igual que la cabeza, se tiraron para atrás. Amaya corrió a socorrer a su amiga, la agitó de los hombros pero esta no respondía. Escupió saliva por la boca y paró. Sus ojos seguían blancos.
-Amaya -empezó a decir en una voz gruesa y profunda. La joven se levantó y caminó para atrás hasta golpearse contra la pared. -Hermosa Amaya, jugaste con nosotros, ahora nos toca.
Edna levantó el pecho y giró su cabeza ciento ochenta grados y empezó a caminar en cuatro patas al igual que una araña. Amy gritó lo más fuerte que pudo y cerró los ojos, ya sabía que era su fin.
[[Rendirse->Opción1(rendirse)]]
[[Defenderse->Opción2 (luchar)]]
Al instante que leyó lo que habìa escrito, la invadió la paranoia. No se sentìa a salvo. Se sentía sola e insegura. Decidió buscar apoyo en Edna, ella seguramente sabría qué hacer. En el momento en el que se dispuso cruzar la puerta e irse para ver a Edna, algo la detuvo. En su cabeza resonaban una y otra vez las palabras que había escrito. El miedo la consumía, no quería dejar su casa. Sabía que no estaba a salvo pero por lo menos estaba segura de que allí no le pasaría nada. O eso quería creer. En ese instante cerró la puerta y se encerró. No tenía pensado dejar su casa, pero tenía que hablar urgentemente con Edna. Tomó su teléfono y la llamó. No atendía, repetía una y otra vez el contestador.
Se preguntaba si le había pasado algo. Necesitaba hablar con ella pero no quería dejar su casa.
Habían pasado las horas y seguía sin noticias de Edna, ya estaba preocupada. Volvió a llamar y nada. En ese momento tomó coraje y dejó su casa para ir a buscar a Edna. Durante el trayecto, las palabras que escribió torturaban su mente. Las personas que caminaban por allí, se alejaban de ella, su imagen estaba bastante deteriorada y caminaba con pasos erráticos. Estaba muy asustada. Mientras caminaba observaba hacia todos lados, hasta el más mínimo detalle.
Luego de caminar un buen rato llego a la casa. No parecía haber nadie dentro. Rodeó la casa y se dirigió hacia la puerta trasera, estaba cerrada, pero sabía que Edna guardaba una llave en una maceta. La tomó y entró a la casa. Silencio absoluto. Se dirigió hacia la cocina, nadie, fue al living, tampoco. Estaba asustada.
De repente, escuchó pasos en la habitación. Subió las escaleras, atravesó el pasillo y se asomó a la puerta del cuarto. Se oía a alguien tararear, en ese momento entra a la habitación y quedó paralizada. Era Edna, y estaba perfectamente bien. Estaba confundida, si estaba bien y estaba en la casa ¿Por qué no había contestado sus llamadas?
En el momento en el que iba a preguntarle Edna se le adelanta.
-¡Oh! Amy, ¿Qué haces aquí?
-¿Por qué no contestabas mis llamadas? Estaba muy asustada.
Edna la mira, y nota que estaba muy descuidada.
-¿Qué te sucedió Amy?
Amaya le contó toda lo que le había pasado. Sin más, Edna sólo le dijo que exageraba y que vuelva a su casa para descansar.
Amy quedó impactada por lo que acababa de escuchar. Se había equivocado. Fue en busca de Edna por ayuda y no funcionó. Creía que ella podía hacer algo. Estaba devastada, la única persona que creía que la ayudaría, no la ayudó en nada.
Se hacía tarde, debía volver a su casa. Con todo lo sucedido se había olvidado un poco de las predicciones. Salió de la casa de Edna, al instante esas frases volvieron a su cabeza. Otra vez estaba en pánico. Caminó lo más rápido posible para llegar cuanto antes a su casa. Volvió con más miedo del que tenía antes.
Al llegar, cerró todo, ventanas, puertas, absolutamente todo. Se aisló del mundo. El miedo la consumía, no sabía qué hacer. Pasaron los días, y los días se convirtieron en semanas, con el tiempo se fue quedando sin suministros y le cortaron todos los servicios. Ella simplemente no iba a salir de la casa por nada. El tiempo fue pasando y ella seguía en la misma situación, estaba flaca, se podía ver cómo resaltan sus huesos. No estaba bien. No comía, no se bañaba, no se levantaba. Parecía un trapo tirado en su cama. Se había encerrado en su burbuja y era muy tarde para ayudarla.
Una mañana, Edna decidió visitarla, tocó varias veces a la puerta pero nadie contestaba, notó que estaba todo cerrado. Intentó tirar abajo la puerta pero su esfuerzo fue inútil, la puerta ni se movió. Agarró una piedra que había ahí y rompió una ventana, rompió por completo el vidrio y entró. Una vez dentro, el olor desagradable era indescriptible. Gritó para que Amy escuchara que estaba en la casa pero no consiguió respuesta. Recorrió todos las salas, estaban sucios con polvo y el olor no era favorable. Se dirigió directamente hacia la habitación. Podía notar cómo el olor de hacía cada vez más intenso. Abrió la puerta y se encontró con Amy en la cama, con moscas a su alrededor. Estaba muerta. Su intento por aislarse del resto y evitar su destino la llevaron a su perdición.
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Sin mucho tiempo Edna empezó a hacer todos los conjuros de protección que conocía, Amaya leía todo lo que podía y Melahel dormía, para recuperar toda la energía que había perdido. Sabían que los días siguientes iban a ser dolorosos y cansadores.
Esa noche se durmieron a las 20 hs ya que no querían estar despiertos para las 24, ni las 3 am. Los espiritus sub terrenales suelen pasear por la ciudad en esas horas y si estaban despiertas iban a llamar su atención. Pero ojala fuera asi de facil “despistarlos” o esconderse, nadie se da una idea que tan fuertes pueden ser.
Cuando se despertaron la casa estaba totalmente revuelta, había cosas escritas en las paredes en un leguaje de más de 6 siglos atrás, que ningún libro que Edna poseía podía explicar. Amaya aterrada no sabia que hacer y en su desesperación lo único que hizo fue atraer a espíritus sub terrenales. La señal de Amaya era una de las más fuertes que existía en el planeta terrenal y la pobre no podía hacer nada, ya que había nacido con eso y lo tenía que padecer toda su vida.
Los ojos de Amaya se empezaron a volver blancos y esta vez le salía sangre por los ojos, como si la estuviera llorando. Su voz cambiaba de tonalidad cada vez que intentaba gritar más fuerte por ayuda. Edna y Melahel lamentablemente eran inservibles ante esta horrenda situación. Amy empezó a elevarse, cosa que nunca le había pasado, y de la nada salieron cuervos negros como la noche rodeandola y picando sacandole todo lo que podían, despedazando cada parte de ella y su alma. Edna empezó a tirarles sal muera porque eso los derrite. Los cuervos eran nada más espíritus que sus cuerpos en vez de quedarse flotando en el aire, pasaron por la etapa metamórfica para convertirse en lo más oscuro que puede existir, más oscuro que ellos. Solo los espíritus más fuertes y oscuros podían cambiar su forma física.
Cuando se aseguraron que ya se hayan ido todos, fueron corriendo hacia Amaya para ver si había alguna forma de salvar su cuerpo y alma ya que la habían picoteado demasiado.
Sus ojos ya habían vuelto a la normalidad pero lamentablemente su cuerpo no, solo tenía agujeros donde los cuervos la habían tocado. De ahí salían rayos de luz, como si el sol estuviera escondido dentro de ella y después de un tiempo empezaron a salir mariposas, hasta que Amaya desapareció.
Edna y Melahel llorando en pánico y desconsolados entendieron que aunque ella no esté físicamente en tierra con ellos,no solo que siempre iba a estar en sus hermosos recuerdos sino que ella estaría con su madre feliz y eso era lo único que se le podía desear.
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El monstruo se iba acercando más y más, Amy ya había perdido cualquier rastro de esperanza. Se puso de rodillas esperando lo peor. Cuando la mujer se iba a lanzar sobre ella, Melahel se interpuso y mostró los dientes.
-¡No, Melahel! -gritó la joven al ver a su amigo enfrentarse contra la criatura.
Pero algo pasó. El gato creció hasta convertirse en una pantera de mayor tamaño, casi tan grande como una camioneta, sus ojos amarillos parecían llamas y sus colmillos, cuchillos recién afilados. La bestia se lanzó contra la antes Edna. ¿Qué podía hacer Amy en esa situación?. Optó por quedarse a un lado, mirando la escena, la lucha entre dos seres de otro mundo. El gato clavó sus dientes en el cuello de la mujer y la tiró sobre la estantería que estaba al otro lado de la sala. El cuerpo cayó junto a algunos libros y no se movió. Una sombra oscura empezó a salir como vapor con alaridos desgarradores que te rompían los tímpanos y, en vez de irse para arriba, empezó a bajar.
-Ya estás a salvo. -dijo Melahel. La joven estaba estupefacta, los ojos estaban tan abierto como platos, no se movía, su cuerpo estaba pegado. La pantera se acercó al cuerpo sin vida de Edna y le lamió la cara. -No te preocupes, se despertará. No va a acordarse de nada.
-¿Melahel? -susurró. Ese no era el gato que ella había rescatado de las calles, que le había dado un hogar y lo había cuidado hasta que pudo caminar por sí solo. Era una bestia, una grande y hermosa, que la salvó. Sus ojos se llenaron de lágrimas, recordó que casi moría. Se sentó en el piso y se abrazó con sus propios brazos. Se sentía tan sola y vulnerable. El animal se acercó a ella y apoyó una de sus patas en su hombro. El calor que la bestia emanaba le recorrió todo el cuerpo.
-Amaya, yo estoy aquí para cuidarte. Me mandó a que cuide de vos, nada te va a pasar mientras yo siga vivo.
Unos minutos más tarde, después de acomodar el cuerpo de su amiga en el sillón, los dos salieron de la casa. La pantera se volvió a transformar en el gato negro que era antes. Amy lo abrazó y empezaron a caminar sin rumbo por las calles de la ciudad. La gente seguía caminando, ignorando lo que pasaba a su alrededor, siguiendo una rutina absurda que iba consumiendo su vida.
-No los mires mucho a los ojos. -susurró Melahel. La joven empezó a mirar al suelo pero allí también había caras de gente pálida con los ojos oscuros como la noche. Amy se paralizó.
-Melahel, ¿qué son ellos? -preguntó, asustada.
-Hombres y mujeres que están en el limbo. No pueden bajar al Hades y quedan entre la vida y la muerte. -dijo, calmado
-¿y a dónde vamos? -cuestionó ella.
-Vos estás caminando, yendo a algún lugar sin que lo supieras.
Amy levantó la vista. Es verdad, ella conocía ese sitio. Dio una vuelta mirando todo lo que estaba a su alrededor. Llegaron a un parque, con una gran laguna en el medio. No había gente, ya que era un lugar abandonado hace un tiempo. Lo habían empezado a arreglar y, como no había más plata, pararon los arreglos y la plaza nunca abrió.
Se sentaron en una banco y se quedaron admirando como el Sol se escondía sobre el agua oscura.
-No debiste confiar en mi -susurró el gato. Amy no lo escuchó, estaba muy ocupada admirando la belleza de la naturaleza que se estaba muriendo. Él saltó del asiento y comenzó a caminar hacia el agua.
-¿Mel? -dijo la joven. Ella se acercó a su mascota y ambos se quedaron mirando el agua. Debía ser muy profunda porque no se veía el fondo. El Sol se reflejaba sobre el agua. El animal volvió a su forma original, una gran pantera oscura con ojos llameantes. Le mostró los colmillos a su anterior dueña. -¿Qué haces? -preguntó atónica.
-Salta al agua. Que Apolo te lleve consigo. -Melahel se acercaba más a la joven que daba pasos cortos hacia atrás. -¡Salta Amaya! -gruñó el animal.
-No me lo podes estar pidiendo en serio. -dijo con lágrimas en los ojos.
La bestia no paraba, seguia caminando hasta llevarla a la orilla del lago. El agua tocaba los zapatos de la chica, miró para atrás, el agua lucía más amenazante y el Sol quemaba a la vista. Sintió como el viento la empujaba, todos querían que ella caiga, era su destino caer. Y eso pasó. Cayó a la laguna y empezó a descender. Abrió los ojos y distinguió un rostro, el de su madre, que estaba triste y angustiado. Ella subió, pero Amy no. Bajó y bajó hasta tocar fondo y allí sintió calor y como el aire se iba agotando. No luchó por su vida, sentía calma pero luego de unos segundos esa calma se transformó en dolor que golpeaba su pecho, intentando salir por su abdomen. Gritó pero nadie la escuchó.
Mientras, Apolo miraba complacido cómo la joven fugada del Hades moría en brazos de los no-vivos.
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No era posible que su final sea así, debía luchar por la vida que había conseguido. Buscó algo con que poder luchar: un candelabro de plata. En un movimiento rápido, lo agarró con ambas manos y miró al monstruo que se acercaba. Cuando tuvo oportunidad, le golpeó la cabeza en un movimiento seco, pero no fue efectivo, la mujer solamente rió y sacó su lengua sobrenatural. Amy corrió hasta llegar a la otra punta de la sala. Intentó encontrar algo más para armarse pero no lo encontró. Confió nuevamente en el candelabro y, saltó arriba de un sillón para terminar arriba de Edna. La golpeó nuevamente en la cabeza, otra vez y otra vez hasta dejarle una herida abierta en la frente. Se movió hasta ponerse detrás de la mesa. Su amiga se agitó dos veces y se paró. El cuello era más largo de lo que recordaba, al igual que los brazos: se estaba deformando.
-//La estaca//- escuchó suavemente en su odio. Vio, entonces, una pequeña y afilada estaca en la mesada. La mujer que todavía estaba parada agitándose, le dio tiempo para lanzarse sobre la mesa y agarrar el pequeño objeto.
Y entonces sucedió. El monstruo se lanzó sobre Amaya sin que le diera tiempo a reaccionar. El cuello de Edna le rodeaba el suyo, la estaba ahorcando. Las manos de la joven estaban siendo retenidas. De una patada, alejó a lo que sea que se estaba transformando y agarró su estaca con las dos manos. Pudo sentir un ligero cambio en el arma, se había vuelto más grande y tenía poder, uno que no debía ser de este mundo. Cuando Edna atacó de nuevo con su boca abierta, Amy se la clavó en el medio de la frente. Su amiga quedó petrificada y luego cayó al suelo. Un gran charco de sangre empezó a surgir alrededor de su cabeza. Empezó a salir como vapor una sombra oscura que gritaba dolorosamente, quedó flotando en el aire y, luego, pasó por Amy y desapareció.
-¿Edna? -susurró. Su amiga ya no respiraba.
-Está muerta. Vos la mataste. -Amaya se erizó. Miró de reojo y distinguió a su gato negro que movía la cola mientras estaba sentado arriba de una estantería. -La mataste para salvarte, egoísta de tu parte.
-Me iba a matar si no lo hacía. -se defendió.
-¿Vivir de nuevo? -preguntó. El gato bajó de un salto y caminó hasta el cadáver. -No hay vuelta atrás, ya está descendiendo. Hay que enterrarla para que sea aceptada.
Amaya sintió desprecio por su amiga, poseída tan fácilmente, haciéndose llamar “mensajera” cuando hasta los propios dioses la odiaban. La empujó un poco con su pie, no se movía por sí sola. Empezó a revisar la casa para ver si encontraba algo útil.
-¿No vas a hacer nada? -cuestionó el gato.
-No puedo perder mi tiempo.
Agarró una mochila y la llenó de pequeñas estacas que estaban desparramadas por diferentes lugares de la casa. Parecía como que ella intentaba defenderse de algo. Para terminar, agarró el libro que estaba en el piso, el que había sacado Edna antes de que todo eso sucediera. Se fijó en la página en la cual estaba abierta “quod cum infernus quaerunt te facere”
-Es latín significa…-Mel fue interrumpido
-Qué hacer cuando Hades te busca -dijo Amy sin siquiera mirar al gato -¿El infierno me busca? -preguntó.
-Si. Yo vine a protegerte.
Entonces sintió nuevamente un escalofrío que invadió todo su cuerpo //No confíes// decía en susurro muchas veces seguidas. Amaya miró al gato. Sus ojos la atravesaban, estaban fijos a ella
-Hay que irnos de aquí -concluyó finalmente la joven.
Salieron de la casa de Edna sin ser vistos. Melahel la seguía a ella donde quiera que vaya, él tenía una misión y no podía volver con su amo hasta que la terminase.
Llegaron a una zona baldía. Amaya se aseguró que nadie los haya visto entrar por la cerca que cerraba el terreno. Suavemente, la joven se armó con dos estacas pero el gato se dio cuenta rápidamente de sus intenciones, así que él se transformó en su verdadero ser, un guardián del mundo celestial. Su verdadera naturaleza era una pantera gigante, de igual que una camioneta, ojos llameantes y dientes como cuchillos recién afilados.
Amaya se dio la vuelta y admiró a la bestia que se encontraba frente a ella.
-Vos queres matarme -le incriminó al animal.
-Mi deber es llevarte de nuevo, Renata.
- ¿De qué hablas?. -Amy sintió de nuevo esa fuerza sobrenatural que la poseía muchas veces, pero esta vez, no entró por completo en ella, pudo sentirla, como quería ayudarla a atravesar este problema. -Appollión, nos volvemos a ver -dijo Amy mientras apretaba fuertemente las estacas en sus manos, apuntando el filo al animal. Nuevamente, las armas se hacían más pesadas.
-Al fin te muestras. Meses llevo esperando que hables. -el animal caminó hacia un costado, la mujer lo siguió.
-Estaba esperando el momento perfecto. -Melahel o Appollión se lanzó sobre ella, pero en un movimiento pudo esquivarlo. -Muy lento.
-¿Estuviste practicando? -Amy atacó, deslizándose por debajo del animal, lo rasgó con la punta de una de sus armas, pero no pudo profundizar.
Amaya estaba desconcertada, no tenía control de su cuerpo pero podía ver y sentir todo lo que estaba sucediendo. Peleaba con su mascota, él y ella parecían conocerse, ¿quién era Renata, la mujer con la que estaba, en ese momento, compartiendo cuerpo? El animal le mordió y Amaya gritó, sintió como la bestia le clavaba dos de sus dientes. La pierna palpitaba y la sangre no dejaba de fluir.
-Todavía está Amy adentro -afirmó el animal mientras se relamia la boca.
//Siento mucho lo que voy a hacer// susurró la voz que siempre escuchaba. Y todo se volvió oscuro. Dejó de padecer el dolor, se sentía más liviana con cada segundo que pasaba. La oscuridad era su compañera y la envolvió en un manto frío que la acunaba en espera al final.
Abrió los ojos y lo primero que ve fue a su mascota respirando con dificultad, tirada en el suelo sobre una mancha de sangre oscura. Ya no era más la bestia gigante que iba a atacarla, se había transformado en su gato, el animal que cuidó y sanó, su queridisimo amigo.
-¡Melahel! -gritó y agarró al animal en sus manos. Estaba más liviano de lo normal, podía sentir como el aire que salía de su diminuta boca chocaba con su brazo -¿¡Qué le hiciste!? -se preguntó mientras lágrimas empezaban a brotar de sus ojos. -Lo que tenía que hacer, matarlo. Amaya, vos no lo entenderías. -se autorespondió. Acarició la oreja de su gatito. El aire dejó de salir, su pecho ya no subía ni bajaba.
Apoyó al animal sobre el suelo y comenzó a cavar una tumba. Usaba las manos como palas, sacando la tierra seca, creando un hueco de igual medida que Mel. Comprendió que la bestia no fue su mascota, un ángel caído a la merced de alguien más poderoso, que sufrió, nunca vivió como un ser terrenal, solo sirvió para vivir siendo un esclavo de lo celestial y que, ahora, bajaría al inframundo para ser descansar...
A la media hora, el animal ya se encontraba bajo tierra. El Sol se escondía, Apolo esperaba expectante.
-¿Y ahora? -preguntó Renata
-Ir al Hades, no puedo compartir mi cuerpo con una asesina.
-Amy, no lo entiendes, no lo ha…-y antes de que pudiera dar una explicación, la mano que poseía una estaca de plata, se dirigió en un único movimiento a la garganta. Amaya comprendió que no deseaba ser una esclava de un no-vivo que estaba vivo.
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Escrito por:
-Ana Laura Maldonado
-Chiara Kupchik
-Ailen Ayala.
4to 2da
Turno Tarde.
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